El río en que nadamos: cómo dar sentido al renacimiento global en el ámbito educativo

En los últimos 25 años se han presentado innovaciones notables y enfoques originales en el campo de la educación. Por todo el mundo han surgido diversas iniciativas, que se derivan de un profundo anhelo de cambiar y de proporcionar a los niños terrenos fértiles donde puedan crecer, convertirse en quienes realmente son y ayudar a nuestras sociedades a abordar los profundos cambios que se requieren en las próximas décadas. ¿Qué impide que dichas innovaciones se propaguen más ampliamente?

Nuestra experiencia apunta hacia dos limitaciones principales: la falta de claridad y consenso sobre nuestro objetivo general y la ausencia de sofisticación en la forma en que se dirige y gestiona el proceso de cambio. En todas las experiencias satisfactorias se ven de manera recurrente tres temas principales: comprensión y cuidado de sí mismo (mente y cuerpo), comprensión y cuidado de los demás (sistema social), y comprensión y cuidado de sistemas más amplios (comunidad, economía y ecología).

Dirigir un cambio sistémico que pueda llegar a ser continuo y fortalecerse a sí mismo requiere un compromiso profundo para “ser el cambio” necesario, esto es, integrar lo interno con lo externo, crear espacios para que ocurra el cambio en lugar de prescribirlo y controlarlo, y no perder nunca de vista la posibilidad de que “yo” y “nosotros”, los líderes del cambio, debamos cambiar.